Valdemaqueda

Paraje natural 

El término ha llegado al siglo XXI cargado de riquezas naturales que preservar, en un camino que a lo largo de la historia le ha llevado al progreso con un tamaño que no ha variado tan radicalmente como en otras localidades vecinas. Recogido y rodeado de árboles, el municipio aborda el futuro impelido a no olvidar su realidad natural.

Un poco de historia

Los dos puentes romanos que hay en el municipio parecen indicios suficientes para pensar que fueron ellos los primeros pobladores de lo que en la actualidad es Valdemaqueda. Visigodos y luego árabes debieron pasar por el término, a pesar de que ni unos ni otros dejaron constancia arquitectónica de su presencia, aunque sí hay topónimos árabes como Atalaya, que nombra el cerro local de mayor altura o la denominada Tumba del Moro, respecto a la que existen dudas sobre si responde o no al último refugio de un musulmán o un cristiano. También la última parte del nombre, "maqueda" , que significa estable, es de origen árabe.

La repoblación de Ávila está muy asociada a la historia del término municipal, cuando Alfonso VI decidió tomar Toledo desde esta ciudad. Pero habría que esperar hasta el reinado de Alfonso X, en el siglo XIII, para que el área de Valdemaqueda fuera repoblada, si bien el municipio no aparece como tal en las crónicas hasta 1340, cuando dependía de Navas del Marqués. A finales del siglo XVIII, hartos sus habitantes de las duras condiciones económicas que imponía el Marquesado, pide su incorporación a la corona. Durante los dos siglos anteriores hubo en la localidad hornos de vidrio, de donde salieron los utilizados para las vidrieras de la catedral de Segovia.

En 1845 el Estado compró las tierras a los Duques de Santiesteban para venderlas de inmediato a los Duques de Medinaceli, quienes en 1906 los venideron a su vez a la Unión Resinera Española de quien han sido propiedad hasta 1989, cuando los bosques fueron adquiridos por particulares que los convirtieron en cotos de caza.

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Festivales y Tradiciones

Pocos municipios de España disponen de una fiesta local durante los Carnavales y uno de ellos es Valdemaqueda, donde las mujeres han ido dando forma a una celebración popular en la que priman la alegría y la convivencia en torno a la gastronomía. Un impresionante guiso de bacalao con patatas es compartido por vecinos y visitantes en la plaza el Miércoles de Ceniza, antes de que el Entierro de la Sardina, la sardinada y el festejo posterior ponga fin a un programa que se desarrolla invariable desde hace más de dos décadas.

Se repite la ocasión para el jolgorio colectivo el primer domingo de junio, con la romería de la Virgen de los Remedios, que disfruta también de un profundo arraigo popular. De nuevo la patrona de Valdemaqueda es tratada con los honores que corresponden en las fiestas que tienen lugar del 14 al 18 de agosto, en las que, por cierto, se repite el rito de la comida en grupo el 15, considerado el día grande de las celebraciones patronales.

La lumbre de los quintos ayuda el 24 de diciembre a entrar en calor en tiempo de bajas temperaturas, sobre todo a quienes desde tiempo inmemorial protagonizan una de los festejos más antiguos y queridos por los vecinos. Todo en torno a esas fechas se hace de forma colectiva, desde la degustación de cabrito con familiares y amigos una semana antes, hasta la recogida de leña, la quema nocturna a partir de las 12, y el correspondiente baile popular el mismo día de Nochebuena.  

Patrimonio Cultural

Nombramos en primer lugar la iglesia parroquial de San Lorenzo Mártir, construida en estilo gótico en los siglos XV y XVI, en la que una reciente recuperación ha permitido combinar la modernidad con la sobriedad de tiempos antiguos. Algo parecido ocurre con la visión del nuevo y del antiguo Ayuntamiento, cuya última versión logró el Premio FAD 1999. La ermita de Nuestra Señora de los Remedios, de los siglos XVIII y XIX, ha tenido que ser también restaurada.

Las fuentes, se contabilizan en total seis en el término, son elementos característicos del mobiliario urbano de Valdemaqueda, así como los ejemplos de las primeras construcciones, que se mantienen dentro y fuera del casco urbano. Un horno de pan, un molino harinero, además de los restos de otro medival en el margen izquierdo del río Cofio, constituyen los testimonios de un tiempo cronológicamente cercano pero muy distante en lo que se refiere a las costumbres y formas de vida.

Los puentes son, por su parte, demostración de la riqueza hidrológica del entorno de Valdemaqueda, pero también recuerdo del ingenio y el gusto estético de sus pobladores. Existen en el término, en distintos estados de conservación, al menos media docena de este tipo de construcciones civiles relacionadas con el agua, el elemento vertebrador del Plan de Dinamización del Consorcio Turístico de la Sierra Oeste, al que pertenece la localidad. Es precisamente esta entidad comarcal, junto con los responsables locales, quienes han arrancado a la Comunidad de Madrid el compromiso para recuperar en breve el Puente Mocha.

Patrimonio Natural

La naturaleza es parte irrenunciable de Valdemaqueda y dentro de ella los pinares, con los que se asocia desde siempre al municipio. Sus mayores extensiones se localizan al norte del término en torno a los cerros de Santa Catalina y Atalaya, con 1.386 metros y 1.367, respectivamente. Aparte de aportar la belleza de sus portes, estas masas arbóreas disponen de gran valor forestal, amén de su riqueza faunística, entre la que destaca la presencia de rapaces, especialmente, el águila imperial ibérica y el buitre negro, por lo que constituyen un espacio natural catalogado por la Comunidad de Madrid desde 1995.

Por el límite este del término discurre el río Cofio, que hacia el suroeste se une con el arroyo de la Hoz y cuyo sinuoso recorrido forma encajonamientos y gargantas. Se añaden en este capítulo los cursos de los arroyos del Hornillo y Las Chorreras, además del de la Puebla, cuyas llanuras aluviales, de formación más reciente, hay que sumar a las que dibuja el principal cauce de Valdemaqueda, el río Cofio.

Sitios de Interés

Iglesia parroquial de San Lorenzo Mártir

Dedicada a San Lorenzo Mártir tiene una cabecera de finales del gótico (siglos XV-XVI). El resto del edificio es moderno, debido al hundimiento que sufrió la nave central antes de la Guerra Civil. Presenta orientación canónica, con la cabecera hacia el este, y la portada en el lado de la epístola que se abre con un arco de medio punto, tiene una inscripción en el friso, cornisa y escudos en las enjutas.
La planta es de una sola nave rectangular y la capilla mayor cuadra con cabecera ochavada de mampostería granítica cubierta con bóveda de crucería. El retablo mayor es del siglo XVI, de la escuela toledana. En el exterior se puede contemplar un sencillo crucero del siglo XVII de granito rematado por bolas sustentado sobre columna toscaza.

Ermita de Nuestra Señora de los Remedios

Situada en la travesía del Dos de Mayo. Templo Barroco del siglo XVII con muros de mampostería encalados y bancos corridos a lo largo de sus muros laterales, también blanqueados ya que debido a su mala conservación, fue restaurada.
En el interior se mantiene su estado original y guarda una talla de la Virgen de los Remedios del siglo XV.

Antiguo Palacio de Medinaceli

Antiguo castillo-palacio de la casa de Medinaceli donde antiguamente se daban grandes fiestas.

En este lugar hizo testamento y murió la Marquesa de Medinaceli. Sólo queda la portada y el escudo, ambos anteriores a 1870, todo lo demás fue totalmente reformado y actualmente se ha convertido en la Casa de la Cultura.

Horno de pan

Siglo XIX. Normalmente, estos hornos suelen aparecer adosados a una edificación principal, pero éste se encuentra aislado.

Tiene forma circular, es de piedra de mampostería y cubierta de teja cerámica curva.

Consorcio Sierra Oeste de Madrid

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