Villa del Prado

La localidad, incluida entre las de mayor tamaño de la comarca, no está falta de atractivos, que han permanecido a lo largo de sus vicisitudes históricas, desde que estuviera asociada al poblado de El Alamín en tiempos de la dominación árabe. En nuestros días, brilla con luz propia en la Sierra Oeste como uno de los 18 municipios que forman parte del Consorcio Turístico, donde el vino y los productos de la huerta han sabido dotarle de una acusada personalidad y una holgada economía.

Un poco de historia

El desconocimiento es, también en Villa del Prado, el factor dominante respecto a su origen, aunque los restos de cerámica, sillares de granito y tumbas antropomorfas hallados en el lugar que hoy ocupa nos den pistas de asentamientos visigodos en parajes como Castillejos y Rehoyo, así como una necrópolis en el Cerro de las Vacas.

El poblado de El Alamín, situado a unos siete kilómetros del término, es la referencia con la que unimos las tesis más consistentes del inicio de la historia del municipio. Fue desde el siglo X plaza defensiva de los árabes, ubicada entre las dos Castillas, hasta la conquista de Toledo en 1085. La historia nos cuenta que en aquel entonces era una villa poblada y rica, en cuyo Prado se construyó la Casa del Guarda que vigilaba a los pastores, que bien pudo ser el arranque de la localidad que nos ocupa. El rey Alfonso VIII, un siglo después, dona El Alamín al arzobispo de Toledo que las mantiene en su propiedad hasta bien entrado el siglo XV, cuando Villa del Prado fue vendido a la heredad de don Álvaro de Luna para a finales de la centuria disfrutar del privilegio de Villa. El Condestable de Castilla, valido de Juan II, construyó aquí un palacio del que ahora únicamente se conserva la portada. La Casa del Infantado a la que pertenecía su yerno sería años más tarde quien emprendería la construcción de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol. Fue objeto de trasiegos nobiliarios hasta la supresión de los señoríos decretado por las Cortes de Cádiz en 1811.

La guerra de la Independencia y las sucesivas confrontaciones carlistas agitaron la vida del municipio, aunque el siglo XIX se saldó con un acontecimiento más positivo: la construcción de la línea férrea Madrid-Almorox que pasaba por Villa del Prado para llevar los productos de su huerta hasta la capital. En el siglo XXI recogemos el testigo de esta obra de progreso, tramitando su conversión a Vía Verde para ser utilizada como recorrido turístico por la naturaleza. Un sector, el turístico, en alza y que completa la dedicación agrícola de Villa del Prado, con amplias extensiones de huertas e invernaderos, así como una prestigiosa actividad vitivinícola que ha terminado por imprimir a la localidad un dinamismo económico de primera magnitud.

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Festivales y Tradiciones

La agenda festiva del año comienza en Villa del Prado en febrero con la ineludible cita carnavalesca y sus correspondientes actividades de disfraces, concursos, pasacalles y bailes. Ya el lunes de Pascua, con Cristo resucitado, la convocatoria es en la ermita de la Poveda para celebrar la Romería de la Caridad, una comida popular y campestre que incluye la degustación de los panecillos bendecidos, aparte de los actos religiosos y el baile. Con la perspectiva del verano en el horizonte, el primer o el segundo sábado de junio es el día elegido para la Fiesta Hortelana, organizada desde hace unos años por la Asociación de Horticultores, en la que se presenta la cosecha del año, se degustan los productos típicos, se visita la fértil vega del Alberche y los invernaderos, todo ello con su correspondiente cita gastronómica que en esta ocasión consiste en un cocido pradeño, animada con música, bailes regionales y venta de productos hortícolas, vinos, aceites, mermeladas y otros productos del municipio.

La Feria Bienal Turística, Comercial y Agroalimentaria (COVITUR) se localiza el segundo o tercer fin de semana de agosto para tratar de promocionar la actividad empresarial de la comarca en un acontecimiento que figura en el calendario de ferias de la Comunidad de Madrid. Distinto carácter tienen las actividades programadas entre el 26 de agosto y el 6 de septiembre, cuando se celebra la Semana Cultural con diversos campeonatos de mountain-bike, fútbol-sala, natación, mus o ajedrez, además de bailes, actuaciones, fiestas y conciertos.

Las fiestas patronales, del 7 al 13 de septiembre, suponen la continuación del ambiente relajado y alegre y cierran el calendario de festividades más destacadas de Villa del Prado, en una celebración en honor a la Virgen de la Poveda con un programa apretado de propuestas, incluidos los festejos taurinos con encierros por las mañanas y novilladas por la tarde.

Patrimonio Cultural

La soberbia torre del campanario de la iglesia de Santiago Apóstol puso énfasis a las obras de reforma que en el siglo XVI se emprendieron en el templo gótico construido un siglo antes, a instancias del yerno de don Álvaro de Luna. Guardan ocho campanas de bronce y un capitel de herreriano, ingredientes artísticos acompañados por pinturas murales que, recientemente descubiertas y recuperadas, han enriquecido su interior del siglo XV al XVIII. Villa del Prado cuenta además con varias ermitas, entre las que destaca la de Nuestra Señora de la Poveda, del siglo XVII, de ladrillo visto y zócalo enfoscado, con portadas de piedra de granito labrada. La del Cristo de la Sangre, de la época romana, y la de Santa Lucía, en el cementerio antiguo, cierran el repaso a las edificaciones de carácter religioso.

El Ayuntamiento es otro ejemplo de monumento civil, en esta ocasión del siglo XVI, aunque ha sufrido varias reformas posteriores, entre ellas la que se llevó a efecto en 1994. Otros recursos monumentales de interés están situados en terrenos particulares como la casona-palacete de la finca de Las Pilitas y una serie de edificaciones del poblado del Alamín, que entran dentro de la provincia de Toledo. El puente de la Pedrera sobre el río Alberche fue construido a finales del siglo XVIII en un momento de bonanza económica pero está ubicado en el término de Aldea del Fresno. No se puede dejar de mencionar asimismo la fuente de los Caños, construida a mediados del XIX en piedra labrada, y el escudo mural de 1763, en la calle General Varela, junto a otras casas con elementos singulares en el casco urbano.

Patrimonio Natural

Las llanuras y terrazas fluviales situadas a ambos márgenes del río Alberche son las fértiles vegas en las que descansan los cultivos que son la base económica primordial de Villa del Prado, que abastece a buena parte de la región por lo que se conoce a la localidad como "La huerta de Madrid". Entre la desbordante vegetación de ribera hay bosques de alisos, álamos negros, fresnos, sauces, carrizos y espadañas. Aunque más del 50% del término es llano, al norte y al oeste hay áreas con mayores elevaciones como el Cerro de la Puebla, de 936 metros de altura. Desde el punto de vista geológico, Villa del Prado presenta una gran complejidad al disponer de todo tipo de formaciones rocosas de la zona.

Los encinares de la parte montañosa están acompañados de enebros, melojos o alcornoques y de matorrales como la jara, la retama, el romero, el tomillo o el cantueso, además de otros arbustos. En el Cuartel del Norte se encuentra un extenso pinar de pino piñonero que tiene continuidad en San Martín de Valdeiglesias.

Existen asimismo en zonas llanas cultivos de secano como la vid, el olivo, las higueras y los almendros que en áreas como La Dehesa y Las Hoyas ceden espacio a los encinares con matorrales y arbustos. En el denominado Parque Gurugú, al noroeste del municipio, abundan los pinares de pino piñonero y negral y, en menor medida, pino carrasco, mezclados con enebros y eucaliptos, además de jara, retama y cantueso. Desde el Pico del Águila, su zona de mayor altura, con 611 metros, se puede ver el casco urbano, las vegas y también parte de los términos municipales vecinos.

Al este se encuentra la ermita de Nuestra Señora de la Poveda donde se combinan alisos, choperas y cultivos de vid y olivos.

El ámbito de la hidrología está repleto en Villa del Prado, con incontables arroyos como el Descansadero, los Parrales o el de Arrelobos, entre muchos otros, la mayoría nacen el norte y al oeste del término para desembocar en el Alberche. Para completar el panorama de elementos relacionados con el agua hay que mencionar las numerosas fuentes y manantiales existentes en todo el término municipal.

Sitios de Interés

Iglesia parroquial de Santiago Apóstol

Esta iglesia es una de las más interesantes de la Sierra Oeste. De  estilo gótico, data del siglo XV, aunque sufrió posteriores reformas durante el siglo XVI. 
Se trata de un edificio de mampostería concertada de granito, con muros de sillería, una única nave de cinco tramos cubierta con bóveda de crucería, cabecera poligonal con nervaduras, y coro sobre tribuna a los pies de estilo renacentista; se abre al norte y al sur con puertas de estilo Reyes Católicos. 

Hay que destacar la magnífica torre del campanario del siglo XVI, que alberga ocho campanas de bronce y un capitel herreriano. En el interior encontramos pinturas murales de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII, que cubren sus paredes. Estas pinturas han sido recientemente descubiertas y restauradas. También podemos contemplar el extraordinario retablo del altar mayor, de estilo barroco, acompañado por otros cuatro retablos, que hacen del conjunto, tras su restauración, un marco incomparable catalogado como bien de Interés Cultural por la Comunidad de Madrid. También ha sido restaurada la segunda torre-campanario, dándola el aspecto que tenía en su origen.

En la construcción de esta iglesia intervinieron Hernán González de Lara, maestro mayor de la catedral de Toledo y Pedro de Tolosa, aparejador de cantería del monasterio de El Escorial.

Fuente pública de hierro fundido

En los jardines de la Iglesia parroquial de Santiago Apóstol encontramos una fuente pública de hierro fundido, dotada de pedestal del mismo material, que data del año 1639 y se encuentra en funcionamiento y perfecto estado de conservación.

Ermita de Cristo de la Sangre

Edificación antigua de reducidas dimensiones, situada en la parte norte de la localidad (calle Cristo de la Sangre), con fachadas de sillería de piedra de granito y cubierta a cuatro aguas, con teja cerámica curva y cuya finalidad se relaciona con los ritos propios de la Semana Santa ya que forma parte del Vía Crucis.

Consorcio Sierra Oeste de Madrid

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